Carta a un «periodista» espaà±ol

Mi querido colega, me seducià³ mucho la manera con la que la prensa espaà±ola ha relatado a la opinià³n pàºblica de su paà­s lo que pasà³ en El Ayun, una ciudad ubicada en aquel lugar que les gusta llamar el Sahara Occidental, un Sahara por el que hemos derramado nuestra sangre, nuestras là¡grimas y sacrificamos muchas de nuestras riquezas.

Mi querido colega, me sedució mucho la manera con la que la prensa española ha relatado a la opinión pública de su país lo que pasó en El Ayun, una ciudad ubicada en aquel lugar que les gusta llamar el Sahara Occidental, un Sahara por el que hemos derramado nuestra sangre, nuestras lágrimas y sacrificamos muchas de nuestras riquezas. Cuando vi como la prensa española trataba el asunto, me di cuenta de a que punto yo, un periodista de un modesto país del sur, diplomado de la Escuela superior de periodismo de formación en el puesto de trabajo donde se aprende humildemente a confirmar informaciones, decir la verdad y reconocer avergonzado sus errores, era simplemente desfasado.

Me maravilló descubrir que les bastó con unas palabras mágicas par transformar la imagen de una matanza que tuvo lugar hace cuatro años en Gaza en atrocidades cometidas en El Ayun hace dos semanas, y luego difundirlas a gran escala para engañar a 46 millones de españoles. Queda claro que mucho de esto se volvió posible cuando el gran, el inmenso El País, con sus
400 000 ejemplares diarios, caucionó tal mentira. En Marruecos, con nuestros 300 000 lectores nacionales, una gran parte de los cuales sólo son aficionados de crucigramas, ni tenemos tantos lectores como El País y tampoco tenemos actores que puedan hacer tantas cosas posibles: sólo somos periodistas del Sur.

Pero ocurrió algo aún mejor. El súmmum del engaño organizado fue sin duda la repetición de la mentira. Aquí, en Marruecos,  incluso en El Ayun, nos quedamos estupefactos frente a un acto digno de los grandes artistas. Vimos como se apoderaron, sin el menor respeto por los derechos de autor, la fotografía de un crimen crapuloso cometido en Casablanca en enero de 2010 y se la presentó en la televisión española como una escena de matanza en El Ayun. Así, queda claro que la opinión pública está seducida y los oyentes garantizados. ¡Ojala que los periodistas marroquíes fueran tan inteligentes y sin escrúpulos! Es que nosotros tenemos los mismos objetivos que ustedes: que nos lean, escuchen, y miren.

Por desgracia, querido colega, aquí, en este país sub-desarrollado, dudo que mis colegas puedan evolucionar hasta llegar a ser tan maquiavélicos. Aquí, lo máximo que ocurre es que, de vez en cuando, exageramos un poco para dar más importancia a un acontecimiento que no lo tiene. En cuanto a nuestro periodismo, se limita a la verdad «sin interés » de aquellos 10 miembros de las fuerzas de orden público matados en los acontecimientos de El Ayun. Las mentiras, la manipulación de la opinión pública, el odio disfrazado de identidad periodística son tantas cosas que no sabemos aplicar. Querido collega. Hoy en día quería hacerle una pregunta porque no deseo morir tonto : Despoues de haber llevado el periodismo a tantas alturas, aun son periodistas ?